umbilical
Al corredor de fondo y otras bestias pardas.
Ahora yo necesito dos personajes, y vosotros sólo necesitáis saber ellos que andan por un viejo camino mientras conversan. De hecho digamos que llevan ya un rato largo en medio de un agitado debate. El primero sostiene que deberían haber cogido el tren, argumenta con toda sensatez la seguridad de sus itinerarios establecidos, la comodidad de viajar sentado contemplando la hermosa vista, disfrutando del confort, las prestaciones y del chachachá de la maquinaria. El otro, en cambio, alude efusivamente a la emoción de tomar camino solitario campo a través, experimentando el territorio, viviendo el riesgo y la libertad de los caminos por trazarse. Y así continúan mucho más tiempo, sopesando cada mínimo aspecto en contra o a favor de lo uno o de lo otro, desarrollando un intrincado estudio de las causas y las consecuencias de cada medio, de la pura necesidad del viejo camino. Ya ni sabemos cuanto tiempo llevamos asistiendo a la sesuda discusión de ambos pero siempre vuelven al punto de que, habiendo perdido todo el norte de la conversación, exasperados, vuelvan a afianzarse en sus posturas. Mientras tanto, ven como algún otro que hace un trecho del camino cerca de ellos, acaba convencido de alguna de sus razones para, bien dirigirse a la estación más próxima, bien internarse en la maleza oscura. "¡Así no vamos a ninguna parte!"- dice uno de los dos, desesperado. Su compañero lo mira un momento de ternura. "Y, sin embargo, lo único claro es que seguimos andando".
micropoema,
ni en verso,
umbilical
Estoy sensible,
así que
no me toques
los cojones.
exterior
CUADERNO DE VIAJES: ASILAH
El mar bajo la atalaya de Asilah.
Ruido de pasos en las rocas.
Sombras nerviosas aquí y allá.
Varios hombres y mujeres cargados con fardos.
En un momento desaparecen,
huyen como lagartijas asustadizas.
Said ha roto el silencio:
"Son campesinos del Sur.
Creen que han llegado a Europa.
Por eso andan tan en secreto.
Los timoneles de las pateras les dicen,
después de navegar en círculos durante horas,
que están frente a Tarifa o las islas Canarias.
Son de tierra adentro y no se dan cuenta
de que ni siquiera han salido de las aguas de Marruecos,
no saben que han arribado
a la misma tierra de la que salieron
una vez más."
Kirmen Uribe (Mientras tanto dame la mano)
umbilical,
universal
Lo que sé a los sesenta años, ya lo sabía a los veinte. Cuarenta años de un largo, superfluo trabajo de comprobación.
Del inconveniente de haber nacido, E. M. Cioran
Hace unas semanas garabateo:
El sexo precipitado es la mejor vacuna contra el amor romántico.
Ayer leo en "Ampliación del campo de batalla" de Houllebecq:
"Desde el punto de vista amoroso Véronique pertenecía, como todos nosotros, a una 'generación sacrificada'. Había sido, desde luego, capaz de amar, le habría gustado seguir siéndolo, se lo concedo; pero ya no era posible. Fenómeno raro, artificial y tardío, el amor sólo puede nacer en condiciones mentales especiales, que pocas veces se reúnen, y que son del todo punto opuestas a la libertad de costumbres que caracterizan a la época moderna. Véronique había conocido demasiadas discotecas y demasiados amantes; semejante modo de vida empobrece al ser humano, infligiéndole daños a veces graves y siempre irreversibles. El amor como inocencia y como capacidad de ilusión, como aptitud para resumir el conjunto de otro sexo en un solo ser amado, rara vez resiste un año de vagabundeo sexual, y nunca dos. En realidad, las sucesivas experiencias sexuales acumuladas en el curso de la adolescencia minan y destruyen con toda rapidez cualquier posibilidades de proyección de orden sentimental y novelesca; poco a poco, y de hecho bastante deprisa, se vuelve uno tan capaz de amar como una fregona vieja".