jueves

SEROTONINA. Cabo de Gata

Podrían haberme enseñado atar cabos
con un juego mnemotécnico como aquél
que usaban para la lazada del zapato.
Tendría bien atados los poemas.
Los nudos de la garganta serían un problema menor
cuando bajan al estómago en un garabato,
tremendo lío de corazón enmarañado en las tripas.

Como el vuelco que me daban los badenes
en el coche de familiar hacia la playa:
así es cuando te veo.

Los nudos que podría haber desatado
hilados en la piel, como cicatrices.
Sólo duelen con el frío. Como
una línea de puntos en boca
que no saben los unos de los otros,
doy en el blanco de los pasos de cebra
cuando vuelvo a casa del colegio.

No encuentro remiendo para esta cuerda floja
que soy y eso que era
la más lista de mi clase.

La memoria de la infancia es una mina
que explotan a veces los poetas:
aún me vienen grandes los zapatos de mi padre.


2 tiros de piedra:

jesus

qué de cosas en cada verso. Los mejores poemas son los que vuelan justo antes de apagar las luces.

González Brito

Dopamina y serotonina en el hipotálamo. Dos tristes y felices años.

Sete echa de menos...

castígame con tu indiferencia.