lunes

PD. Sic transit gloria mundi

Querido R.,
otro día,

otro día, otro día delineado en el esquema exacto de los días inmediatamente anteriores. Días de verano en casa de mis padres, días de acción minimalista, interrumpidos por alguna obligación social, por una voluntad de equilibrio doméstico y familiar, visitas y reencuentros justos, pactados en la incomodidad de alejarme del taller y luego agradecidos, porque también son necesarios.
Podría parecer por esto que no es mucho lo que hay que contarte, pero es justo la vida interior tan demandante que llevo estos días la que los expande enormemente, los llena de pequeños hitos emocionales y de una concentración creativa tan intensa que basta por sí misma para colmar este barbecho social. Vivo en la misantropía, como puedes ver, unos días desgarradora, derivada a la frustración y la incertidumbre, otros esperanzada, confiada en mi destilación autónoma, en ganarme la paz y el pan de futuros días. Todo esto es opulento de algún modo, podría decir incluso que soy feliz. Hoy, en este momento en que te escribo, soy feliz. Feliz de contarte y saber que captas la esencia de lo que te digo.

En el nudo de las razones que me trajeron al mar, de la tempestad enorme que me hizo volver a casa de mis padres, si hubo mucha acción, catástrofe y naufragio. No recuerdo con exactitud que te dije la última vez que te dije, recuerdo una mañana de insomnio en la que me sentía sola y desesperada en la que te relate algunos episodios amorosos, novelescos que luego resultaron yermos y completamente superficiales. Mis dudas, la vida conmocionada y excesiva por la que me sentía arrastrada la orquestaba yo misma con una mano que luego escondía a la espalda. Me he provocado continuamente huidas hacia delante que planeaba fabulosas y al no resultar me he sentido víctima, desequilibrada, inútil. Después de tanto andar dando bandazos, de enfrentar mi timidez y mis llagas a todo y a cualquiera de la manera más violenta, llegué a desarrollar una neurosis terrible. Mi manera de querer solucionar los problemas, de confiar ciegamente en que germinara alguna de las semillas que plantaba con disparate en la tierra, obviamente fue estéril. ¡Qué manera más tonta de reconstruir la necrópolis! ¡Qué circo romano! ¡Qué espectáculo de varietés! Realmente he sido incapaz este año de entregarme a nadie, de dar amor a nadie, de poner mis esfuerzos, que fueron muchos, en la dirección correcta. Está claro que todo te lo cuento desde mi perspectiva presente, porque aunque recuerdo el perfume de esos días, hormonal, fanático y rosa, denso como una ceguera, hablarte por la boca de la María de esos días, que sus razones tenía después de todo, sería seguir fantaseando sin fundamento.

Bien, pues ya tuve mi novela decimonónica, hice mi gran papel de Bovary. Eso me dijo J. -amigo, amante platónico, un mundo- que yo era a principios de curso, Bobary, me llamaba. Y puedo decir que me entregué al papel como buena actriz de método, desarrolle una comedia de enredos fantástica y patética en la misma proporción. Gran proporción de castillo de cristal gigante, starring Veronika Voss, ansiosa y trastornada -película que por cierto, no he podido aún terminar de ver de toda la bofetada que sentí al descubrirla en esos momentos. Supongo que hubiera habido mil formas mucho más sanas de salir de la espiral, pero yo no sé vivir, estoy recién llegada al mundo, y lo pasé terriblemente mal.
Si hubo una persona a la que quise bien esos días, el Leon de esta Bobary, el que fue un primer conato de escenificar toda mi literatura interna. Con él quise ser madre, hermana, amante, compañera intelectual, infinitamente comprensiva, esclava de sus deseos y de su voluntad intermitente. Me arranqué la piel a tiras y me quedé en carne viva en el esfuerzo. Él se comportó inconscientemente, quiero pensar, de forma egoísta, para supurar la ruptura sentimental que atravesaba. Me cuidó algunas veces, en las que yo vi esperanza para seguir intentando llegar a él en profundidad. Y cuando vio mi cara, mi faceta literaria de femme fatale ridícula y mi debilidad mórbida, se alejó definitivamente. Me sentí repudiada cual esposa romana, finalmente exhausta. Incomprendida y con las manos vacías, mientras él se alejaba, más fuerte que yo, en busca de influencias más equilibradas. Supongo que lo que nos unía era la misma comunión de dolores emotivos y pensaba que iba a ser suficiente. Pensaba que se parecía a mí más y por eso le buscaba. Necesitaba tantísimo que alguien me aceptara, que me viera entera y me abrazase, porque eso es a lo que he estado acostumbrada. Parece ser que hasta ahora había tenido yo mucha suerte.

Entretanto, descuidé muchos asuntos (...) Alejé, en fin, de mí todo lo que entraba en disonancia con mi fantasía casquivana, como si fuera un director de teatro seleccionando lo imprescindible, planeando escenarios, escogiendo al reparto adecuado (...)


2 tiros de piedra:

Rai

si me aceptas un consejo, termina de escribirla.

PD: Me parece que hay que tener un par de ovarios para colgar esto aquí (por mucho que ahora me digas que es literatura).

Cuídate

la mujer umbilical

Rai,

está escrita desde el centro, pero es que mi centro suena así de literario. es una carta larga que he empezado a enviar a un amigo por episodios, le pedí por favor que hiciera el papel de tesorero. esto es tan sólo la clean version de la primera parte de mi nouvelle.
internet lo hace todo tan aséptico a veces que falsea la exposición. no sé si colgaré algo más de esa historia aquí, pero gracias por el consejo, sí la terminaré.

pd. escribí en tu blog porque me sentí animada por lo que decías. me gusta que exista gente a la que cuestiones así le parezcan vitales.

castígame con tu indiferencia.