lunes

SUBRAYAR lo extraordinario

Sepan los funambulistas:

>> No es una línea abstracta, aunque no forma contorno alguno. No está más en el pensamiento que en las cosas, pero se presenta cuando el pensamiento afronta cosas como la locura, como la vida, como la muerte. Miller decía que podemos encontrarnos con ella en cualquier molécula, en las fibras nerviosas, en los hilos de una tela de araña; se trata probablemente de la misma "línea de ballena" de la que habla Melville en Moby Dick, que puede arrastrarnos o estrangularnos cuando se despliega. Quizás es la "línea de droga" de Michaux, la "aceleración lineal", "la correa del látigo de un cochero enfurecido". Puede ser la línea de un pintor como Kandinsky, o la línea que causó la muerte de Van Gogh. Creo que cabalgamos sobre estas líneas cada vez que vivimos con suficiente vértigo, cada vez que vivimos con suficiente intensidad. Estas son las líneas que se hallan más allá del saber (¿cómo "conocerlas"?), y nuestras relaciones con ellas se sitúan más allá de las relaciones de poder (como dice Nietzsche, ¿quién llamaría a esto "querer dominar"?).
Dice usted que estas líneas están presentes en toda la obra de Foucault. Y es verdad: es la línea del Afuera (...)

>> Sí, es una línea mortal, demasiado violenta y demasiado rápida, que nos introduce en una atmósfera irrespirable. Como la droga a la que renunció Michaux, destruye todo pensamiento. No es más que delirio o locura, como la "monomanía" del capitán Achab. Sería preciso franquear la línea y, al mismo tiempo, hacerla susceptible de ser vivida, practicada, pensada. Hacer de ella, en la medida de lo posible, y durante todo el tiempo que fuera posible, un arte de vivir. ¿Cómo salvarse, cómo conservarse en el enfrentamiento con esa línea? Aquí aparece un tema muy frecuente en Foucault: es preciso llegar a plegar esa línea para constituir una zona en la que sea posible residir, respirar, apocharse, luchar y, en suma, pensar (...)

>> Todo el mundo reconoce los riesgos de algunos ejercicios físicos extremos, pero también el pensamiento es un ejercicio extremo y raro. Pensar es afrontar una línea en la que necesariamente se juegan la vida y la muerte, la razón y la locura, una línea en la que uno se haya implicado. Pensar sólo es posible en esa línea mágica, que no forzosamente conduce a la perdición: no estamos fatalmente condenados a la locura o a la muerte (...) El pensamiento de la locura no es una experiencia de la locura sino del pensamiento: sólo se convierte en locura cuando se derrumba.

>> Todo esto no fueron simplemente asuntos teóricos, porque el pensamiento nunca es una cuestión teórica. Se trataba de problemas vitales. Era la vida misma.

Extractos de "Conversaciones", Deleuze 

1 tiro de piedra:

enrojecerse

me quedo con el segundo párrafo. brutal.

castígame con tu indiferencia.