miércoles

EL DESHIELO

I

¿Recuerdas aquel invierno que se nos metió dentro como un demonio
y nos puso los ojos en blanco,
ciegos de nieve?
Dejé de verte, es todo.
Eso es porque recordé que érase
una vez tú sin importancia.

(Éstos son Marina Abramovic y Ulay
cortando en un abrazo por la mitad la Gran Muralla, ¿ves?
Después de eso ya no se vieron nunca nunca.)


II

A los niños que aprenden a montar en bicicleta
siempre se les cuenta el mismo cuento exacto
y acaban raquíticos en la endogamia:
herencia cultural recesiva.

(Qué cuento chino, ni que niño muerto, dirás.)

Es que "contar" es redundante y tedioso
como las piedras del rosario, así
agarraba yo las llaves camino de casa,
caminando exactamente los mismos bordillos.
No quedaba nuestra casa como un guante contra el frío,
se me helaron las cuencas de los ojos, y encontraron
una niña negra y enjuta
atrapada en el lago de hielo.

(- Éstas siempre en la luna.
-¿Acaso no hay grandes lagos de agua congelada bajo los cráteres de la luna?)



III

Se le dedicó una misa y casi pido perdón
por cambiar los objetos de mi fé, por andar
el bordillo fuera de tu órbita,
en exilio voluntario del estado de gracia.
Fumigo nuestro pequeño bonsai genealógico.

(-No sé que voy a hacer cuando se me muera la niña de los ojos, y sólo pueda volver a lo ya visto.)

Todo para que mi única casa sea como un libro abierto
apoyado sobre mi rodilla marcapáginas, mostrando el lomo al cielo,
como un tejadillo a dos aguas,
como chimenea el cigarro en la mano,
y al fin desbordarme.



IV

Te digo si lo recuerdas, para contarte
que la hermandad ha de hacerse
tras la boda, así lo veo
y que aún llevo un cordel rojo en el dedo,
en una lazada de nuestra sangre.

El médico me dijo también
que ahora tengo claro el fondo de los ojos,
como un tallo verde, si me da la luz
en el fondo está claro, claro como el agua.



1 tiro de piedra:

castígame con tu indiferencia.